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Sábado 29 de Enero de 2005

 

Alcoholismo adolescente



Sandra Interiano
vivir@laprensa.com.sv

La ingesta de alcohol entre adolescentes es una realidad que puede truncar su desarrollo físico, académico, social y psicológico, así como su vida.


“A mi hijo yo mismo le enseñé a tomar para que no ande con curiosidades ni nadie se lo baje.”

“Yo pensé que se tomaba un par de cervecitas con sus amigas, nunca imaginé que llegara ebria al colegio.”

“No me acuerdo qué pasó, mami, cuando abrí los ojos estaba con esa señora en la cama.”

Según FUNDASALVA, el consumo de alcohol, cigarros y otras drogas empieza antes de los 15 años. Basta un paseo por lugares de entretenimiento nocturno para ver niños y niñas en ese rango de edad consumiendo estas sustancias hasta altas horas de la madrugada.

La adolescencia es una etapa de cambios importantes a nivel físico, sicológico, social y familiar. Los gustos e intereses también se modifican y la necesidad de vivir experiencias al margen de la vida familiar y la supervisión de los padres es parte del proceso en el que afianzan su propia identidad y se vuelven más autónomos.

Las situaciones de riesgo son parte de dicho proceso y la manera en que afrontan los peligros ayuda a definir la madurez que han alcanzado, por lo que la supervisión, guía y ejemplo de los padres es necesaria para que aprendan a cuidar de sí mismos.

Evitar la ingesta de sustancias dañinas para su mente y cuerpo es uno de los retos más importantes que tiene cada joven y sus progenitores.

Tomar es fácil

Muchos jóvenes encuentran en el alcohol una droga fácil de adquirir y con menos rechazo social. Muchos padres de familia se sienten tranquilos de que sus hijos solamente “se echen sus traguitos”, pero no consumen otras drogas, como la cocaína y la marihuana.

Sin embargo, este falso alivio no previene de las consecuencias en la salud física y el desarrollo integral de los adolescentes que consumen alcohol regularmente, aun en pequeñas cantidades.

Los efectos más comunes no se detienen en el deterioro progresivo y asolapado del organismo y las funciones mentales.

Existen también otras situaciones que suelen presentarse cuando el alcoholismo está ganando terreno en la vida del adolescente:

Accidentes de tránsito mortales o con graves secuelas para las o los jóvenes que los provocan, o para terceras personas.

Bajo rendimiento académico.

Conducta agresiva y baja tolerancia a la frustración.

Conducta delictiva o ser víctimas de delitos como violaciones, robos y otros.

Sexualidad precoz, embarazos, promiscuidad, enfermedades de transmisión sexual.

Mayor probabilidad de generar alcoholismo o mantenerlo en la edad adulta.

La lista anterior contempla situaciones que pueden darse sin que los padres o madres sepan que están originadas por el alcohol, es decir, pueden ocurrir como consecuencia de una noche en estado de ebriedad o por el silencioso y paulatino desgaste que mente y cuerpo sufren producto del alcohol.

 

Actuar a tiempo

No se puede esperar a que los hijos entren tambaleantes a casa una madrugada, para sentarse con ellos a hablar del alcohol y del alcoholismo como enfermedad. Para protegerles es necesario abordar el tema con la misma trascendencia que se habla de sexualidad, o cómo evitar que sean abusados sexualmente, o lo importante que es que estudien y se forjen un mañana.

Ningún padre o madre de familia está exento de que sus hijos o hijas adolescentes inicien el consumo de alcohol y otras sustancias. Aun aquellos que poseen núcleos familiares estables, tengan buenas relaciones con sus padres, rendimiento académico aceptable u otras condiciones favorables en su vida, pueden ser víctimas de esta grave enfermedad.

Algunas medidas que pueden contribuir a evitar los riegos son las siguientes:

Conocer la opinión o actitudes de los hijos respecto al alcohol.

Observar con discreción su comportamiento cuando vuelvan de fiestas o paseos. No conviene convertirse en detective o policía de los hijos, es mejor apoyarse en el diálogo, la confianza y la supervisión.

Explicar claramente qué es el alcoholismo como enfermedad y sus consecuencias.

Hablarles sobre los aspectos legales alrededor de la ingesta de bebidas alcohólicas por menores de edad.

Ensayar maneras y estrategias para que sus hijos manejen la presión de grupo ante el alcohol. Compartir con ellos frases que les sean útiles para rechazar la invitación a tomar: “No tengo ganas, prefiero una soda”, “por qué insistes si ya te dije que no”, “no acostumbro a tomar”, “he decidido no probar bebidas alcohólicas”, por ejemplo.

Evitar justificar el propio alcoholismo de los padres con argumentos como la edad, madurez o que sí saben manejar el trago.

Controlar las horas y estado en que regresan a casa. Si se descubre que han bebido, debe tomarse con seriedad y actuar en consecuencia.

Discutir las reglas de comportamiento en fiestas y dejar claro que ingerir alcohol no está permitido.

Arriesgarse a sancionar la ingesta de bebidas alcohólicas, antes de tener un hijo o hija en un grado avanzado de esta enfermedad.

 

 

 

 

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