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Dos
agentes y un subinspector, identificados como José
Guido Campos, Tomás Estanislao Juárez y Carlos
Escobar Osegueda, respectivamente, murieron la mañana
de ayer en el interior de la subdelegación policial
del barrio San Jacinto, ubicada en la calle Campos y
la 10.ª avenida sur.
Un
cuarto agente, Freddy Alexander Hernández, herido
en el hecho, fue trasladado al Hospital Médico Quirúrgico
del Seguro Social.
De
acuerdo con las autoridades de la Policía Nacional
Civil (PNC), las muertes violentas se originaron
luego de que el agente Campos se presentara al
mencionado puesto para entrar al turno de las ocho
de la mañana.
Campos
regresaba de tres días de licencia y su superior
sospechó que se encontraba en estado de ebriedad,
por lo que llamó al|subinspector Escobar Osegueda,
quien supervisaba la zona, para que verificara la
situación.
El
oficial avaló también, y bajo el mismo argumento,
la orden de que no saliera a patrullar.
“Allí
empieza un proceso administrativo interno que tiene
la Policía de llamar a la unidad de control, de
llamar a la inspectoría para que estos entes
contralores vengan a supervisar la situación. En
ese lapso, la respuesta por parte del agente, al ver
que no lo dejaban salir y que le quitaban su arma,
fue agredir al subinspector”, confirmó el
subdirector de la PNC, Pedro González.
Aunque
González matizó que aún faltaba por realizar
investigaciones más profundas, la primera versión
descartaba el suicidio del agente Campos luego del
asesinato y se decantaba más hacia la intervención
de los otros dos policías.
“Hay
que confirmar otras versiones. Pero acuérdese de
que hay otro fallecido y un lesionado. Uno de ellos
pudo haber reaccionado en contra de este elemento
que andaba en supuesto estado de ebriedad”, dijo.
“No
hay crisis”
El
inspector general de la PNC, Romeo Melara Granillo,
consideró, a pesar de los casos en que se han visto
envueltos policías en los últimos meses, que no
existe una crisis al interior de la institución.
“No
hay crisis. Esto solo demuestra un hecho individual
de un policía que desgraciadamente termina en una
tragedia”, señaló.
Melara
destacó en la actitud del jefe policial asesinado
el trabajo de la inspectoría. “El hecho de que
haya solicitado al agente que entregara el arma
porque estaba en supuesto estado de ebriedad es
precisamente trabajo de la inspectoría. El énfasis
que hacemos con los jefes es que tienen que
supervisar a su personal”, dijo.
La
inspectoría realizó, en 2004, 932 pruebas
antidopaje a miembros policiales. Ocho de ellas
resultaron positivas.
Policía
descarta intervención de soldados
El
subdirector de la PNC, Pedro González, descartó
que dos soldados del GTA hayan intervenido.
La
PNC detuvo en un primer momento, para ser
investigados, a dos soldados del Grupo de Tarea
Antipandilla (GTA) que estaban en el puesto
policial.
Sin
embargo, los dos militares, identificados como
Samuel Rodríguez y Santos Ernesto Rivas, fueron
liberados posteriormente.
El
subdirector de la PNC descartó que hubieran
participado en las acciones donde murieron tres
policías y un cuarto resultara herido.
“En
esta unidad, en vista de que se le da seguridad al
sector por la presencia de pandilleros, se ha
destacado a un grupo GTA. Ellos (los soldados) se
encontraban en la segunda planta (del puesto) y no
tienen nada que ver con este tipo de situaciones.
Ellos, al escuchar los disparos, reaccionaron, pero
no tuvieron que ver en la escena”, zanjó.
Cuando
se le interrogó del porqué había entonces
vainillas de armas largas en la escena, González se
limitó a decir que él no había realizado la
inspección y que de acuerdo con las investigaciones
solo había vainillas de pistolas nueve mm, arma
utilizada por la Policía.
“Yo
no he verificado. Las vainillas que sí me han
confirmado son las de nueve milímetros, que son las
que ocupan los policías.”
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