
Joel Rodríguez alcanzó una de las marcas más
altas que el examen para la detección de alcohol en
conductores haya reportado nunca: 374 grados de
alcohol. El resultado sobrepasa siete veces el límite
permitido por la ley: 50 grados.
Rodríguez fue detenido por la PNC el sábado por
la noche, después de que chocó contra un pick up
al final del bulevar Venezuela, al sur de la
capital.
En la colisión, resultaron heridos levemente los
cuatro pasajeros del pick up.
Rodríguez fue llevado al Hospital Rosales, donde
se recupera de una posible fractura en la cadera
izquierda.
Antes de ser llevado al sanatorio, la Unidad Médica
Preventiva (UMP) sometió al conductor a la prueba
de alcoholemia en la que se le detectó el inusual
resultado.
Juan Mateu Llort, jefe de la UMP, no duda en
calificar de histórico el registro. “Éste es de
los resultados más grandes que he visto. De seguro
que es el mayor de este año”, enfatiza Mateu
Llort.
El especialista descarta que el detenido hubiese
usado cocaína, sustancia que potencia la ingestión
de alcohol. “No parecía que hubiese utilizado
coca porque estaba tan torpe como un boxeador a
punto de ser noqueado. Los que usan cocaína están
despiertos”, afirma el especialista.
Mateu Llort asegura que la cantidad de alcohol
reportada en Rodríguez es equivalente a la ingestión
de dos botellas de vodka en un tiempo relativamente
corto.
“ Una vez detectamos un hombre que rondaba los
400, pero había usado coca. Éste parece no haber
sido el caso. La contextura física le ayudó ”,
sentencia el experto.
Según la ley, se consideran aún sobrios a los
conductores que registran 50 grados de alcohol. Los
que registran entre 50 a 99 son clasificados como
preebrios y reciben una multa. Quienes igualen o
sobrepasen el límite de los 100 grados corren el
riesgo de que se les aplique el artículo 147- E, en
el que se pena la “conducción temeraria”.
Rodríguez, por su parte, asegura a que el choque
se produjo por fallas en los frenos. “No me
respondieron”, asegura (ver nota).
“Yo iba manejando bien, pero me fallaron los
frenos”
Joel Rodríguez acepta que la madrugada del
domingo estaba manejando bajo los efectos del
alcohol, pero considera no fue eso lo que provocó
el accidente de tránsito del cual es culpado. La
razón, según él, fue otra.
“Me sentía consciente para manejar. Venía
tranquilo, de tomar con unos amigos en San Jacinto.
Yo ya iba para mi casa, en el barrio Lourdes”,
narra con total calma, como si hubiese sido una
noche más de fin de semana.
Dice que en el camino vio un carro que se metió
en su carril, pese a que la Policía asegura que él
zigzagueaba por todo el bulevar. “No pude hacer
nada cuando lo vi de cerca. Yo iba manejando bien. Y
metí los frenos, pero me fallaron”, dice. Su
camioneta color amarillo quedó destrozada. Cuatro
personas, entre ellas dos menores, sufrieron
lesiones por el accidente.
Cuando la Policía lo examinó, detectó que en
la sangre tenía 374 grados de alcohol. Una cifra
que a él no lo sorprende mucho.
“Quedé trabado en el carro y me golpeé la
cadera”, dice, con malestar. A las 11 de la mañana
de ayer fue ingresado al Hospital Rosales por la
lesión que sufrió en el accidente.
Más relajado y tras haber recibido la visita de
sus familiares, que terminaron regañándolo por sus
malandanzas, afirmó haberse sentido nervioso.
“Hay que evitar manejar bolo. Fue un riesgo que
corrí. Lo vamos a pensar mejor ahora”, considera.
La Policía lo vigilaba de cerca. Tras las rejas
de las bartolinas sólo permanecerá 72 horas antes
de ser remitido a un juzgado. De ser encontrado
culpable, podría pasar hasta tres años en la cárcel
por conducción temeraria.
También, según la PNC, puede ser acusado por
lesiones y, a menos que conciliara con las víctimas,
tendría que pagar otra condena de al menos un año.
“Pensé en mi hija. No vale la pena”, sentenció
con remordimientos.
Otro borracho causa una muerte
Una persona en evidente estado de ebriedad y que
se negó a practicarse la prueba de alcoholemia mató
a una anciana.
Francisca Marroquín, de 65 años de edad,
encontró la muerte ayer en la carretera que conduce
de San Salvador hacia el puerto de La Libertad en un
accidente de tránsito provocado por un hombre en
estado de ebriedad.
Luis Antonio Santamaría Orantes, de 37 años de
edad y en evidente estado de embriaguez, viajaba en
sentido contrario rumbo al puerto, cuando, a la
altura del cantón Ayagualo, en Zaragoza,
departamento de La Libertad, chocó de frente contra
otro automovil.
El accidente causó la muerte de Marroquín,
mientras que su nieto Edwin Marroquín resultó con
graves fracturas en ambas piernas. El pick up en que
viajaban las víctimas quedó totalmente destruido.
Después del impacto, el vehículo de Santamaría
Orantes se detuvo en una piedra. Él intentó huir
por una zona de vegetación, pero unidades del
sistema de emergencias 911 lo localizaron en la
maleza, a unos 100 metros del accidente, según
fuentes policiales.
El conductor se negó a hacerse la prueba de
alcoholemia, pero, según las autoridades que
acudieron al lugar del siniestro, su estado de
embriaguez era evidente.
De compras
Edwin Marroquín y su abuela Francisca iban hacia
el mercado Central de San Salvador a comprar
verduras para luego venderlas en el mercado de
Zaragoza, según José Armando Marroquín, hijo de
la fallecida.
“Todos los días, excepto el lunes, viajaban a
San Salvador porque de eso vivía mi madre”, dijo
José Armando.
Embriaguez y descuido
Éste es uno de los tres accidentes en los que
murieron igual número de personas este fin de
semana. En dos de los tres casos, estuvo de por
medio el abuso del alcohol.
El tercero hecho ocurrió en Santa Tecla y le
costó la vida a Pedro Mejía, de 19 años de edad.
Las autoridades sospechan que el conductor causante
de la tragedia, identificado como Manuel de Jesús
Brizuela Ortiz, de 39 años, estaba ebrio, pero esto
aún no ha podido ser comprobado.
Lo que sí comprobaron los familiares de la víctima
es que al momento del accidente, Brizuela Ortiz iba
hablando por celular, y no estaba poniendo atención
al flujo vehicular.
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