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Preparados. Decenas de
adolescentes asistieron al acto de reinserción
social de pandilleros efectuado ayer en una
universidad.Fotos EDH
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Claudia
Zaldaña
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Muchachos de la Mara Salvatrucha celebraron la clausura de
labores del presente año en proyectos de rehabilitación de
pandillas.
Eran cerca de 50 mareros que desean cambiar su vida. Veinte
de ellos recibieron medallas de reconocimiento por su retiro
voluntario de las pandillas y su integración a programas de
trabajo en el medio ambiente.
El acto se llevó a cabo en de la Universidad Francisco
Gavidia (UFG).
“Es interesante ver cómo estos jóvenes, han tomado la
opción de dedicarse a tareas sanas y en donde pueden
mantenerse lejos de las pandillas”, expresó César Funes,
secretario de la Juventud.
El general Alfredo Soto, jefe del Estado Mayor Conjunto,
indicó que “la Segunda Brigada también está siempre
dispuesta a ayudar en proyectos de buena causa como los de
rehabilitación de muchachos de pandillas”.
Ayuda
El programa de prevención y rehabilitación de mareros está
dirigido por Carlos Carías, quien se ha dedicado desde hace
más de diez años a desarrollar programas similares.
La empresa de construcción Salazar Romero ha brindado apoyo
a los chicos en actividades de reforestación en proyectos
de vivienda.
La Universidad Francisco Gavidia, de Santa Ana, también ha
extendido una mano a los adolescentes rehabilitados y les ha
apoyado en diferentes eventos.
“Estos jóvenes están integrados en la sociedad, porque
han demostrado que son capaces de trabajar honradamente”,
destacó os Carías.
Abandonar una clica no es fácil, pero muchos de sus
miembros deciden hacerlo cuando son padres o encuentran una
razón para unirse a la sociedad.
Marlon López, uno de los muchachos rehabilitados,
manifiesta que “el programa nos ayuda a trabajar sembrando
árboles. Muchos de mis compañeros son miembros del
programa de rehabilitación”.
Nelson, de 25 años que perteneció a la Mara Salvatrucha,
expresó que “muchas instituciones nos han apoyado en los
proyectos y ahora estamos esperando un programa de formación
de viveros”.
Este chico se incorporó a la pandilla cuando apenas tenía
13 años y está consciente de que sus tatuajes son un
inconveniente para realizar su labor, porque “nosotros
demostramos con el corazón que hemos cambiado y no por las
marcas que llevamos en el cuerpo, pero muchas veces eso la
gente no lo comprende ”.
Agregó que la PNC los reconoce como rehabilitados, y no los
detienen cuando los ven en las calles trabajando en los
programas.
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