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Santa Ana
Claudia Zaldaña
Diario de Occidente
El Diario de Hoy
diariodeoccidente@elsalvador.com
“Las maras no se combaten metiendo a
los pandilleros a la cárcel, lo que hace falta es darles una
oportunidad de trabajo a los jóvenes involucrados en este
problema”, argumenta Carlos Humberto Escobar Carías, coordinador
del programa llamado “Drogodependientes reforestando a El
Salvador”.
El ha trabajado desde 1989 por ayudar a miembros de maras.
Relata que al principio trabajó en un programa que buscaba hacer un
“pacto entre maras”, es decir, unirlas amistosamente.
El proyecto fracasó. “Las maras se odian entre ellas. Los dos
rivales más grandes son la MS y la Dieciocho y éstos nunca se podrán
unir”, admite Carías.
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| Los
tatuajes en sus cuerpos los identifican con sus pandillas
pero también es la señal para ser capturados por la policía,
de acuerdo con el Plan Mano Dura en su contra. Fotos
diario de occidente/ Claudia Zaldaña |
Las cosas han cambiado. Ahora ya no
se trata de lograr amistad entre ambos bandos, sino de
proporcionarles una oportunidad de trabajo.
El programa ha colocado a los miembros de la mara Salvatrucha de
Chalchuapa en un proyecto de reforestación. Hoy en día, más de un
centenar de pandilleros ha puesto manos a la obra en la siembra de más
de 7 mil árboles.
El proyecto comenzó a desarrollarse a partir del 12 de enero de
este año, y dio inicio con la reforestación de la carretera que de
Santa Ana conduce a Chalchuapa.
El coordinador del programa señala que el gobierno de El Salvador
ha sido de gran ayuda para la realización de este proyecto. El
Ministerio de Gobernación, el Ministerio de Medio Ambiente y el
Ministerio de Educación contribuyen para que el plan de reforestación
y rehabilitación de maras funcione.
Además de las instituciones de
gobierno, la Organización de Estados Americanos colaboró con los
fondos necesarios que permitieronel desarrollo del programa de
rehabilitación.
El plan de reforestación pretende
llegar hasta el río Paz, en el departamento Ahuachapán y, según
Carías, es un método efectivo para “reinsertar en la vida social
a los muchachos de maras”.
Sueldo quincenal
Los jóvenes que participan en el proyecto de reforestación
encontraron así una forma de ganarse la vida lejos de la
delincuencia. “Hay que mantener a la familia. La mayoría
trabajamos, porque tenemos hijos y hay que darles de comer”,
expresa Geovani Argueta, miembro de la mara Salvatrucha de
Chalchuapa.
El señala que la mayoría de sus compañeros tiene
responsabilidades familiares y que necesita un empleo.
Lo mismo dice Gregorio Solís, de 34 años, quien tiene hasta una
nieta de año. El necesita trabajar para obtener el alimento que
lleva a su familia.
Gracias al sueldo que reciben en el proyecto de reforestación, los
jóvenes pueden llevar el pan a la mesa. Su salario es de 48 dólares
quincenales. Con eso deben pagar por el alimento y demás gastos
familiares.
No es mucho, pero “alcanza para irla pasando y sirve por lo menos
para la comida”, comenta.
Carías manifiesta que “de esta manera podemos ayudar a que los jóvenes
perciban ingresos monetarios, ya que en otros lugares no les dan
trabajo”.
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| Los
salvatruchos que no delinquen tienen una oportunidad de
trabajo. Fotos Diario de Occidente/
Claudia Zaldaña |
Agrega que además de ser empleados,
los miembros de pandillas dejan de ser delincuentes para convertirse
en “ambientalistas empíricos”, según lo define el coordinador.
Según lo que explica el coordinador del programa de rehabilitación
de maras, dentro de poco se pasará a una segunda fase dentro de los
grupos de trabajo.
Los jóvenes conformarán dos organizaciones no gubernamentales: una
para la mara Salvatrucha y otra aparte para el bando contrario, la
18.
La nueva etapa dará inicio entre los meses de agosto y septiembre
del presente año. Su objetivo primordial es rehabilitar a los jóvenes
y ayudarles a organizarse mejor para que sigan ganándose la vida,
alejados de la delincuencia.
Los logros
Los integrantes de estos proyectos de
reforestación son jóvenes y adultos con edades que van desde los
15 hasta los 42 años. Para Carías la mayor satisfacción es “ver
a muchos jóvenes rehabilitados desde que inicié mi trabajo con las
maras”.
Advierte que él ha sido paciente, pero que tampoco pretende ayudar
a aquellos que siguen metidos en la delincuencia.
“El que no quiere rehabilitarse y quiere seguir delinquiendo que
se vaya a la cárcel. Yo no protejo a nadie, no tengo color ni
bando, sólo trato de sacarlos de lo que está mal y de ayudarles a
ganarse la vida honradamente”, apunta Carías.
“Al presidente Antonio Saca le
decimos que la solución no es el Plan Mano Dura. Queremos fuentes
de trabajo, maquilas, talleres de artesanías, empleos destinados sólo
para jóvenes como nosotros. Mientras haya trabajo no habrá
delincuencia”
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